La mujer mas linda, de cabellos finos y delgados, de mirada tan dulce y basta solo con su sonrisa para que uno pueda olvidarse de todos los problemas o del mal día que uno haya podido tener. Estando a su lado, uno se vuelve a convertir en aquel niño pequeño que necesita de su protección, de su cariño y ternura. Porque para ella el tiempo no transcurrirá jamás, seguirá siendo tan linda y hermosa como la más preciosa de todas las flores, como aquel día en que nos tomaste por primera vez en tus brazos; el día en que nos trajiste al mundo.
Dicen que el amor de una madre es lo mas puro que puede existir. Y ese amor perdura por siempre en el tiempo. De pequeño, ella fue la que nos cobijo en su regazo. La que nos brindo su calor. El mundo era tan grande que no podíamos valernos por nosotros mismos. Tan pequeños e indefensos, sin embargo fue ella y todo su amor lo que nos hizo sentir seguros y protegidos cuando estábamos en sus brazos.
Que importante fue que estuvieras conmigo los primeros años de vida. Tu fuerza y amor me guiaron a dar mis primeros pasos. A decir “mama” por primera vez, a decir “te quiero, no te alejes nunca de mi”. Tu dedicación para instruirme, cuando hice mis primeros trazos con lápiz, mi primer dibujo, mi primera palabra. No fue fácil, y tu lo sabes mejor que nadie. Sin darme cuenta, me estabas enseñando que para lograr algo bueno, vale la pena esforzarse.
Tus brazos siempre se abrían cuando quería un abrazo. Ese abrazo parecía interminable, cuando, con lágrimas en los ojos, me prometiste que ibas a estar esperándome en la puerta principal, el primer día que me llevaste a la escuela inicial. Gracias, ahora entiendo perfectamente que mas allá de la distancia, el amor de una madre, lo llevaremos por siempre en nuestros corazones.
Tus ojos tiernos se endurecían cuando hacia falta una lección. Fueron las lecciones más importantes de mi vida. Gracias a tu disciplina y a tu responsabilidad, permitieron cultivar en mi niñez valores esenciales para desarrollarse como persona. Se que aun falta me falta mucho mejorar y aprender. La vida es un camino que nos da la oportunidad de cambiar y ser cada día mejores personas. Eso también lo aprendí de ti.
Tu corazón comprendía cuando necesitaba ayuda. El tiempo seguía avanzando y nunca dejaste de apoyarme y darme ánimos ante situaciones complicadas. Podía aparentar control y autosuficiencia; sin embargo sabes bien que estaba esperando tu bendición, tu fuerza y ese amor de madre que es el combustible que hace que un ser humano logre lo imposible.
No podré devolverte todas aquellas noches que te desvelaste por mí, todos los cuidados que me diste cuando estuve enfermo, las preocupaciones que te cause por errores que cometí, ni mucho menos las lágrimas que brotaron de tus ojos por mi culpa.
Solo quiero brindar un homenaje a las tres mujeres que más amo en este mundo y a todas las madres de este mundo. Madre es la que en su vientre lleva luz y esperanza; pero también es la que sin serlo, toma responsabilidades y asume dicho rol con amor. Es aquella mujer que es capaz de querer con todo su corazón sin esperar nada a cambio.
Porque para ella el tiempo no transcurrirá jamás, seguirá siendo tan linda y hermosa como la más preciosa de todas las flores. Y con su sonrisa y su amor presente en nuestros corazones nos hará olvidar de todos los problemas y seremos de nuevo tan pequeños e indefensos, como aquel día en que nos trajo el mundo.
“Porque tu tristeza es mi tristeza y tu canto mi cantar…”
Feliz día a todas las madres.
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